HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

De mi caballo de madera, teñido por humo de murciélago olvidado de tu corazón madre, galopando fiero en la noche, la carnicería de los despedazados, recogió flores de papel, donde las almas son de vídrio, borrachas de mezcal, tragando el reflejo de una visión del manicomio con las uñas rompiendo una pared, donde tus ángeles, fueron solo, topos buscando el agua, entre esqueletos. Jamás existió ningún dios que no estuviera muerto en tu pecho. Jamás ninguna religión retornó al fuego primitivo de los tigres y la memoria de las rocas. Sólo dentro de ti, donde los huesos tenían los fósiles vegetales que el rayo removió de nuevo en el agua. Un camino abría la libertad sin caminos.

Todas las cruces y escudos y bastones y reinoos que los antepasados usaron para asesinar al animal salvaje. Todos los templos que levantaron sobre los templos robados a la madre tierra. Todos los reyes y curas y sus naciones y ejércitos, que asesinaron miles pueblos y prostituyeron nuestra memoria.. Y que dentro de nuestros genes, siguen removiendo esa tóxica bolsa de monedas de oro. Han de morir. Para que vuelva el viento.
Su legado, aunque no lo creamos, vive en nuestra mente. La propiedad todavía está en su hacienda. Los huesos tragaron de todos esos asesinos una parte de su biblioteca. Y es en el Hueso donde han de ser amasacrados para que jamás vuelvan a manchar el valle de los lobos. Y es en la tierra donde arrancarles cada ladrillo depredador y violador de la naturaleza y de sus hijos. Su propiedad ha de ser del todo destruida para que vuelva la libertad.

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