HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Quiero liberar del todo a mis putas. Que sean su inocencia salvaje.
Que levanten todas las tumbas que escribieron los crucifijos en las sombras con su osadía. Y que allanen todas las moradas. Quiero hacerte lo que hacen los animales cuando llueven sapos azules. Hacerlo con anarquía y con amor y gasolina. Y qué ladren los perros.
Nada puedo ocultarte. Tampoco a la raposa que pela manzanas en la luna y se muere de morirse de todos los placeres contigo dentro de cada una de mis grutas.
Cuentan las noches de ingloria, mil fracasos metidos en el fusil. Apuntando a muerte al espejo. Recoger piedras y deshacendar el delirio, en broches de cielo quemado. Tanta heroina para coagular la equivocada herida que hoy apenas recuerdo besarte sin perder navajas entre las piernas.
La felicidad parece un duelo con el apocalipsis.
Será porque nacimos de la herida abierta en canal.  Lo quisimos todo y todo lo perdimos, el infierno jugó sus naipes cuando el cuerpo era un maniquí secando cuervos cuando nadie nos llamaba.
Nos hicimos duros de roer cuando del sombrero emanamos ratas para atar al sol donde la muerte no nos encontrara desarmados. Y sin embargo, bajamos junto a los reptiles a sombrear del subsuelo las cumbres del rocío.
Fuimos demasiadas para tan ancho hueco.
Y ayer que te vi, picador de erriko taberna en mi estramonio. Me drogaron todas tus estrellas. Marqué el territorio de la raposa muy lejos de la tierra. Y tu semen me desalojó todo lo conocido. Me enseñaste el porno-duende de mi tumba. Lo prevariqué hacia la tuya toda loca de lo imposible. La policía no pudo ni olerte.
Vuelo por los aires, de ansias de amarte.  Me contengo con el asfalto que se da la vuelta. Me embriago de lo que termina de volverme loca y tiene tu voz, tu cuerpo descalzo en el abismo, con cicatrices de guerra donde nos helamos de plomo también como pájaros perdidos.
Temo confesarte mis sentimientos, por si salen ranas las apuestas con la noche.
He vivido demasiados años dentro de corazas que eran icebergs y cumbres de carbón. Por eso de a poco, aquelarre de los vagabundos. Beberte el vino de la piel, hacer caligrafía de manca hilvanadora con el corazón de la arena de la sal. Aguardarte loba encerrada al vizcar de tus ojos en mi desierto, todo animal, tu mirada podría matarme.
Ellos ni lo adivinan.
Hoy es un nuevo día para amar, para conocer nuevos instrumentos de la guerra que no manchen el agua. Por una vez, sacar toda la salvia y rasurarse el alma con fuego liberado. Atreverse a arriesgar el corazón hacia la ventolera del infinito y no conservar tantas hachas a saldo. Hacer el amor entre los pinos y las nubes y guardarte las porquerías sólo para volar. De tú a tú, cuando nosotros somos sólo viento.
Me despierto de unos sueños reveladores. Es como si andara muriéndome todas las noches y me retuerzo en una guillotina de pólvora. Pienso en cierto pacifismo, aunque cada uno de mis huesos canta a la revolución, creo que ésta metamorfosis necesita baile, amor, sexo, risa, crepúsculos dentro de los árboles, un latido que valga la vida y no tanta guerra. Por una vez, poder crotorarme entera, sin acumular hachas.  No con él. No ahora. Ya nos hicimos bastante la pelea. Ya nos enloquecimos de su arista demasiado, aunque en el fondo un combustible deseo nos juntó el canto y era amor.
Mi adicción a la adrenalina ya me trajo muchos problemas. Soy lo que soy, aunque no sepa nombrarlo. Pero por una vez probar el paraiso.

somos mas porque no somos nadie

exalar el suelo

Estoy entre la nada y ese perfume secreto de lo distante. Ebria de viento. Ebria de tu nombre innombrable. Sujeta por lo frugal. Conociendo la lucha con el rabo de nube y apenas la palabra sabe darte.
Amanece y es el cuarto café, el quinto duelo.
Tengo que sustituir el ansia del vino tinto en la luna... por tu persiana rota en pedazos entre mis piernas.
No se puede cantar bien con la heroina desabrochada en las paredes.
Ir de tranqui, tu mazín, sin maquinar entierros.
No dolerá si el cielo nos hace sexo anal.
Mañana volveré a la montaña, con él. Hoy ando aguantando el duelo del vino tinto o del negro, mezclado con esa momia hambrienta de mi alma.  Con las fichas de ajedrez de los desaparecidos. Con la locura flotando en el aire que faltó aquella noche bajo las sábanas. No hay que desfallecerse de ansia de infinito. A veces andamos a las inmaduras piedras cortantes. Tomar todos los retos, sin distinguir el dolor y el placer, porque se trata de tomar todas las estrellas. El fruto de la oscuridad nunca ha sido gratuito, a veces se rompen los huesos. Ir, porque no hay otro camino. Aguantar la sed y el presidio cuando ocurra, sin llorar la mar ausente, con todo el fuego en los labios.
Ese abrazo me revivió las serpientes del amor. No lo olvido a él, que nos abrazó el mismo abismo, que a golpes mezclamos el daño y la esperanza. Me pegó un tortazo por pasarme con sus verbos y con los míos, pero su último beso me subió de nuevo al desierto oceánico. 
Ahora escribo y la noche penetra extrañas costumbres.
Te quiero por todos los lados y es ahora a ti a quien me refiero. Pero no podemos dejar de un lado el hambre y la pistola. No es tiempo de aflojarse las estrellas. Lo que me hizo tu cuerpo y tu espíritu ningún humano supo hacerlo.
Allá dentro sentí que todo me había abandonado. Tal vez gemí como una niña en el lodo. Tal vez mis sienes se hicieron cianuro de añeja esquina. Y eso me obligó a contar tan sólo con lo Imposible. Te llevé en la vuelta de mis bragas y mi corazón. Te llevé sin saberte ni poder recordarte del todo. Pero tan adentro del agujero que todas las guitarras morían de llamarte.
Todavía no están las palabras, es de noche aún, he estado en demasiados sitios al mismo tiempo. Tengo que regenerar las conexiones. Quitarme de encima del todo los moratones del manicomio. Osar de nuevo el secreto de la locura. No andarme a medias tintas. Volver a tener 15 y 31 cuando sea necesario.  Jugar bien los naipes de ese acecho al que me veo obligada para ser honesta.
Loca no estuve. Sólo confundí una metáfora y me peleé por ella. Un poco de escándalo público, de ir a las manos de la muerte y retorcerme en su tango cotidiano como pétalo que se derrite. No niego el sufrimiento. Dos veces me ataron a la cama. La sed del fuego me violó el alma. Pero saltamos y en pie se secó la sangre.
El pulso es entre el amor y la nada, más el polvo, el hueso, el vino, la azotea de fantasmas quebrantahuesos, arlequines, delincuentes, asesinos llenos de violín y peyote, ausencia, líquido amniótico, bala y semilla. Son miles de capas friccionadas en un agujero de gusano que abre el infinito. Estoy cansada y ese cansancio ha de ser mi machete. Vengo con algún moratón que curar en la montaña. Desnuda entre los misterios de la noche.
Después de salir del manicomio me queda alguna ceniza duda de si es que estaré loca. Pero la locura es el miedo a la locura. Lo otro es un duelo con la verdad y con las llamas. Los motivos de la naturaleza salvaje a veces rozan mundos abisales colgados de un hilo exorcista y ensangrentado. Salir en pie con una espada más profunda.  Entre el ensueño y la bruma, donde se dan cara a cara los eclipses que amortajan pupilas rojas en el infinito.
No tener miedo. No agachar la cabeza. No desobedecer al animal. Pero evitar que nos den caza. Ser más zorras, más altas y más bajas, más lo que te dice la muerte cuando te arropas de whisky y de hachís el sin sentido que follamos cuando se habían dormido los cuervos y en tu espalda la marca de la luna embistió el siguiente día.
Imagino mil cosas que ti.... cuando llegue pasado mañana y sé que ninguna será lo que abarco. Que corra el aire sin encajar la llave ni delimitar el horizonte ni el fuego. Tú que sólo de presente huesabas los lobos en la resurrección de mis rocas del olvido, ir a ti, era ir a la muerte. Y fuimos chorreados de sangre y dinamita. Marqué el territorio de mi guerra con tu sudor y allá los dos, volados por los aires volvimos a pecar guanajato con hachas libres.
Estoy enamorada, aunque a él se lo diga sólo con las uñas.
Trato de besarle sin ir toda de vino tinto teñida. Sin ir tahur a robar las manzanas. Sin decirte cuánto, ni cómo ni porqué. Sin abrirme entera, sino las piernas en tus espigas con olor a coñac y gasolina. Tanto te soñé que había olvidado encontrarte y hoy vagabunda digo tu nombre a la mar y no a tu oido.
Si te fui raposa, fue por nidos de aves de paso enredadas en tu olvido.
Si tanto te quiero es porque no supe hasta que te conocí quemar la comisaria, cogernos de álamos y ríos donde las estrellas sonrojadas de oirnos nos pliegan locura liberada.
Vuelve la luz. Asalto sobre asalto para conquistar la felicidad. Para armarse de libertad todos los dientes y bolsillos de aire y de tierra, de vacío, de amor.
Cuando la paz cuesta mil batallas con la muerte.
Soltarse de jilgueros los párpados.
Ir al amor, como se va a la guerra desarmados.
Aguantar ese hambre de fuego en un papel vacío que nunca nos desvele.
Tragar la llama, aguardar la señal del crepúsculo para sacarla como un arroyo.
Tantas ganas de vino que no alcanzan las uvas.
Te subiste del revés a mi parra.
Nadie sabe cuál fue nuestra guerra. Tus metralletas esperan de los muertos la llamada.
Fuimos poeta por embargo y no por puño cerrado, y si lo fuimos sólo lo saben los cuervos.
Mis dientes se afilan por llegarte al hueso.
Equivoco mi camino entre tus piernas. Lo hago con la alevosía de la raposa desahuciándote las tabernas. Tú lo haces donde mi útero no alcanza a devolvértelo.
Está bien así. De loca aprendí tu nombre. 
No se puede girar sin la barricada. Y la tuya nos promete una muerte. Yo cargo los huesos, tú carga la sombra. 
Al viento enloquecido de los marchados cerraré la puerta cuajada de fuego.
Tanta sed que la meto en mi hijo muerto.
Con el hambre en tu violín.
Aguantar el duelo entre el arlequín y la momia.
Detrás la montaña se quita las bragas.
Que ladren los perros que traerán dinamita.
Y si del hueso herido no se acuna tu nombre muerto lo hará de las estrellas.
Una loba encerrada es cadáver hambriento en busca de la huesera.
Me crotoro de fuego.
Ansia de hachís debajo de mis miserias. Todas folladas con María.
Y en tus pechos sangre de lagartija.
No es suficiente la cordura para quemarte el corazón.
Ni andar vestida con gasolina sobre el fin del mundo.
Sólo tú conoces el agujero negro de mi locura. Y tu amor me da hacha y no ternura.
Tus corderos pacen sangre en mi casa vacía.
No hay suficiente esperma para bailarme la muerte.
No es bastante caer inconsciente de tu cuerpo en el lago dentro de mí como romero de la última muerte.
Me sujeto por el rabo de la escoba, de pura casualidad.
Hay tantos árboles al quemar de tus persianas que ver es fundirse los ojos a fuego incierto en la gruta.
Hay tantos crímenes y tanta mierda capitalista que amar es llevar en el corazón plomo nuclear.
Bailar desnuda. Hacer del tabaco un vuelo desarmado. Morirme de amor y de ansias de dinamita. Ser mil mujeres en la pared llena de balas. Estallar de fuego y frígida memoria debajo de tus sábanas.  Ninguna conciencia es conciencia sino baja por las escaleras la cabeza del rey y en sus cuencas vacías plantamos el árbol de la ciencia.
Todo va deprisa. Todo va a lo eterno. Y sólo el cuerpo hace de muelle.
Tantas  ganas de vivir que me anestesio en falso con el vacío. A mil revoluciones regresa el Che. No va con camisa. No va con líquido amniótico empañando al animal.
Ayer me bañé desnuda en el río que me entró por la vagina.. Me excitaron los vecinos, ese tipo que miraba con su perro lobo. Todo me excita cuando tengo el corazón apoyado en los lomos de la luna. Tanta felicidad vuelve loco a cualquiera, sobretodo cuando confundo el dolor y el placer, el norte con el sur, tu beso con tu hacha. Y no pregunto. Soy niña con heroina en el descosido y en mi hilvanadora. Tanto amor te da orgasmos en el sitio menos pensado. Tanto fuego derrite la capa de ozono.
La magia se explica con LSD prensado de nubes rojas.
No hay que dar más vueltas que de campana y sudor de sol y luna.
Tengo ganas de que nos hagamos el amor otra vez debajo de las estrellas.  Y no echarte más paladas de tierra en los ojos como perra que marca el territorio en la nada. Será en unos días. Y la eternidad me abre el útero sediento en la boca del infinito. Tanto deseo del deseo. Tanta inocencia del pecado. Tantas ganas de beber tu sangre con mis venas abiertas. De comerte cada palabra y rebozarte toda la piel con la memoria de los ríos. Eso me pone re-loca. Fumo tabaco para expiarnos mientras estás lejos. Me excita desvelarte mis engaños con nuevos engaños. Tú eres tahur. Tú eres como yo. Por eso te juro en falso no reconocerte jamás.
Tengo que contener mi prisa por salir volando junto a venus.  Echarme una de cal y una de arena, cuando el fuego quiere para sí toda la dinamita.
El manicomio me enseñó a estar loca equilibradamente.  Estaba atrapada por una trilogía. Y las terceras partes dan de comer amor a todos los gusanos.
El traficante, el que tenía cicatrices de bala y de cárcel, mil peleas con la policía, mil muertes en su corazón eterno, me pegó por pasarme de canutos en su mechero y sin embargo lloramos abrazados ese último segundo, puro amor. No sé qué tan alto, tan furtivo, tan incendiado, era él, que me agarró de corderos los lobos. Lo quise. Llevo su nombre junto al río que me lleva abajo del abajo donde el crepúsculo resplandece de nuevo.
No sé qué es. Pero él me penetra los lobos del infinito. Nos contamos mentiras porque veníamos de la mar encayada en el hueso. Desfacer los entuertos es un duelo de orgasmos. ¿qué más hermoso que emplumar a las serpientes?
He de callar lo que sé. Ese es el pacto. Hablarlo en el fuera de campo incendiado con mi espíritu.  Meterlo muy adentro del ojo y esculpirlo de espada y mar. Silente de salitre embravecido.  Por lo menos con el 100% de la gente, excepto aquellos que a la mitad son pumas. No consumirme de dinamita en la urgencia de su escapatoria. Es la introspección del árbol y de la manzana. Tal vez estoy algo loca, pero la naturaleza de la locura, esconde una lucidez de la que soy hoz y martillo, vientre, madre e hija bastarda. No huiré de mí. Si mi vida me llevó a esos infiernos, conservo toda la caligrafía en mi piel.  Conservo el radar telepático de la primera piedra que voló por los aires y aún no ha tocado el suelo.
Tal vez a veces entro en celo, de Marte y del vicio de todos los vicios. Y me vuelvo la ramera, la que cose escobas en el pecho de los cuervos. La que exige sangre del patíbulo.  Tal vez yo reclamé esos moratones. Me excita la excitación de la pelea. Soy jeringa de la adrenalina. Me pone a mil pelear como un perro negro con la soledad de las estrellas. Tal vez mi vagina no se llena con un hombre ni con 100. Mi útero se desposó con el infinito. Yo meto allí todas las palabras y me follan. Meto las fotografías, las esquelas, los naufragios, los besos y las armas. A veces soy violada por mi sed y la codicia de luna llena.
Me despierto bajo una nube de cobalto.  Tengo que recuperar el recuerdo de los sueños. Tengo que jugar naipes para quitarme de encima la sombra de ese agujero. El manicomio, 9 días. Esas peleas. Las correas en la cama. El hambre sudando sangre por la nariz.  5 tipos encima de mí. El regreso del animal. El exibicionismo de la mar sobre los hombros y el fuego por los pies. La táctica del ratón cazando al gato. El dolor encendiendo la dinamita.  La locura como medicina de la locura. La agresividad como terapia contra la violencia. Esa verdad tomada tras un espejo negro. La vuelta de campana rompiendo la prisión. El riesgo. El duelo con la muerte.  El acecho del arlequín. El poema desaparecido en el interior de la noche. La risa de los perros.
La extrañeza de cruzar la antagonia en el circuito vicioso del bucle en el que el hacha abre el umbral muy dentro del océano.
Beber el mezcal del suelo, resquebrajar la escalera en la espina y en la nube. Confiar en las cartas de la muerte, desempolvar la metralla y meter el hocico en la boca del lobo.
Bailar twist ebrios de luna. Remezclar la batalla a los labios del mar.
Soñar despiertos como jaurías.
Y te acabaré amando porque lo hicimos en el infierno antes, en lo que juramos nunca más, al riesgo, al doble o nada, al beber de los pechos del fin, al hilvanar un error vital y espacial como suicidas. Porque el olor de tu sexo me persigue cuando cruzo el callejón. Porque eres un agujero de gusano entre mi corazón y el infinito. Porque no podré negarte sin negar el cielo.
Jugar bien las cartas de esa muerte. Caligrafía enamorada de tus decepciones.
A la vuelta dan vino tinto. No temas tu vicio si es por amor o por fuego.
No te recortes las uñas. No tintes los labios con más maquillaje que la amapola y la sangre de las piedras. No cases los zapatos y el sombrero. No calces el agujero sin el puño cerrado.
Somos cien mil con las tetas al aire, bebiendo púbicas estrellas.
Cuando se pierde la fuerza de los dedos, se explosiona la de los brazos.
Cuando se pierde la de los brazos, arde la entraña.
Cuando la entraña es ceniza los ojos son  buques.
Cuando se pinchan los ojos, los huesos son antorchas.
Cuando hijas de la nada y novias de la muerte, el Sol ocupa la trinchera. Ni un paso atrás. Ni pellejo que no mude.
Vuelvo de la noche ensangrentada en un papel de luz.
Uso la jeringa como puerta. Mis manos torpes desobedecen el tictac del olvido. Blanquean la persiana con suspiros de peyote y cristal y derriten tus ojos al final de la partida a la que no llevaremos ni mano ni carta.
Somos más.
Porque no somos nadie.
El vientre envuelto por la más profunda muerte
emana de los pechos arroyos sanguinarios
que sólo beben aquellos hijos de la tierra y de la nada
que no temen bañarse con la sangre primera que brotará la nueva sangre
y con las cadáveres levantados como cuernos de la noche
embisten animales con animales y astros, el útero de la vida abierto como el más terrible pozo
que aguarda que le des todos los huesos
y allá
la mierda
será nuestro alimento
para convertir la lejía en abono
las heridas en caballos
todos los fuegos
sólo encienden
donde no corre el aire
y en la más profunda asfixia
vuelven
todos lxs hermanxs que cayeron antes
porque ese antes, era una miga de pan que nos dejó la muerte
ya está en nuestra alma
nadie sino la muerte puede cazarnos
y ella cabalga de nuestro lado
del tronador
espejismo
de tu cuerpo boca abajo
era yo la zarpa
que me partía por dentro
tu esperma noctámbulo de  un nombre sin letra
ahogado de la voz
como placenta lasciva
de parir en medio de la muerte
un ojo de hielo que te devuelva la retina desangrada del bajo tierra
que arda de brazos
la amputación del corazón hambriento
de alimañas que al fin hagan luz con la carne
En media hora, otro riesgo de vuelta de campana.
Curvas peligrosas al borde del cementerio.
No echaré por mis senos sangre para teñirte serpientes entre las piernas.
Tal vez falta aún una noche de hachís. Pero el humo no acabará de la forma evidente.
No galoparemos más agujeros negros con las rameras. A pecho descubierto. Aunque la metáfora que rompe el escenario, es la dulzura de la puta encubierta. Ella lo hizo por amor, aunque no fuera tu amor. Cuando el vientre hervido del desierto abogó mares rojos circundando la nada. Compartimos la bala del desequilibrio. Caigo sobre ti, para levantarme por tu sombra. Todo es inocencia. Aunque el valle esté lleno de cráneos. Es el amor hambriento del fondo de la tierra. Es el nuevo Sol que ha levantado el abismo para sostenernos por los pies.
Abro el corazón hacia la soledad. Esa soledad preñada de lo inefable. Vuelvo desarmada hacia sus profundidades. Sin resistencia, sin coraza, sin deseo que nazca en la jaula del yo. 
Ha habido demasiados bailes sin tierra, interferencias de rayo y gentío. Aunque ella acabó tomando en sus brazos, el amor. Su despedida cuando se trata de tener los ojos abiertos, e intacta la voz.
Quiero aprender a montar a caballo. Galopar. Abrazarlos con todos mis huesos. Amo los caballos. Los temo, los temía, por el mismo motivo. En unos días, sobre ellos, apagaré todos mis temores. Hacerlos frente, es volver a casa. Es de urgencia. Es descubrir qué hay detrás de mí. Y volverlo al aire.
Tengo mucho por hacer. Y ya no será bajo el pellejo de los que van sin oler la sombra. Ni más trampas de naipe. Ni atajos de nitroglicerina. Ni vicio.
Ayer encontré un rincón nuevo. Metiéndome debajo de unos árboles, por un agujero de jabalí. Soñé un rato entre sus sombras. Luego escalé unos metros, sujetándome a unas escobas. Y había una especie de cueva... Allí sentí algo extraordinario y a la vez ausente, algo triste, pero con la alegría del agua. Me enrollé allí a la humedad sagrada de la roca.
Al regreso escuché un crujido en el bosque, sentí un orgasmo sacro. Una conexión profunda, una excitación muy distinta. Y vi una especie de ciervo, correr muy rápido monte arriba. Ese ciervo vino a decirme mil libros sin palabras.
He buscado una solución, en medio de la marejada. 
Quería que fuera comprensible, que se salvara el corazón, que él lo entendiera y se sonriera, y también quería salvar mi alma, volver al bosque, bajar la fiebre y llevarla al crepúsculo. Volver del todo al diálogo con la montaña, con lo distante para hacerlo muy cercano en mis sueños. Pero conservando el fuego de los astros.
Traté de que mi mentira no lo fuera en mí, así que la hice arquetipo, donde detrás se esculpiera un símbolo cierto e insobornable en mi corazón. Le hablé de Ella. Ella para mí era otra cosa. Era la huesera. Para él, sólo una mujer.
Así que en los juegos metafóricos, todo cobró un sentido hermoso, casi perfecto. Lleno de amor, del de más allá.  Hacer lo correcto en el dictado de los lobos y de la luna. Remezclar la sangre y la poesía. Detrás de todo la literatura nos ha embriagado desde que aprendimos a hablar. Usarla también para cruzar los suburbios y artesanar ventanas que hagan reir a los faunos.
No quería herir sus sentimientos, ni los míos hacia él, aunque ambos fueran de helio. No quería destruir la magia y volver con velo al exilio, ni moratones, ni aristas. Quería que se mantuviera ese cachito de inmensidad, abierto de viento y de estrellas.
Quería amarnos por última vez en esos términos, donde Ella, me sostuviera toda el alma, invocar al cosmos entre los gritos y refrenar lo urgente, muy adentro de mí. En el mismo lugar donde abrí mi "pecado". Quería sexo de hechiceras, de árboles y de luna, agua madre. Un poco de decencia en los viajes del viento.
Una contradicción que fuera semilla. Y no vicio. 
Un no dar a torcer jamás el poema de la montaña ni el camino del infinito.
No arrepentirme de nada, jamás.
Es la trilogía. Yo no sé bien cómo, pero todo suma, hacia una conciencia tan extraordinaria que o te vuelve loco de remate o loco por lucidez de la verdadera sustancia mágica de la que parimos que no es lo mismo pero es igual. Libre como caballo y loba y volcán y aullido de gasolina cuando el asfalto no entierra a sus muertos.
Y lo que arranca y mata. También lo hace sumando. Porque los números son abstractos y bifurcantes como semilla entre dos polos que se matan entre sí.  Y el caldero es de las brujas. 

Ayer me desaté de un modo más profundo. En otra zona del campo de juego. Con otra metáfora en el corazón y donde el cuerpo cabalga mares de llama, lluvias de tierra y el volar por los aires de casi todo lo demás.
Fue otra vez muy apasionado. Tal vez demasiado. Y al empujar hacia afuera el límite de la mar vino de regreso el sueño de naguales.

Dos fuerzas juegan a matarme. Y en el diálogo con mi muerte, aparece la tercera que lo arregla.
Pero aún no sé escribir todo el cuerpo de esas tres incidencias-obras del agujero del cielo.

Creo que algo tiene qué ver con mi vientre-paritoria.
Algo con el camino del infinito y los brujos y su dignidad y lucha.
Y algo con el amor y con el sexo, y no necesariamente, unidos.

Aunque tal vez esto es sólo parte del mismo tomo.
Y lo otro sólo puedo encontrarlo en los sueños y en la naturaleza.
He estado como en duermevela unas horas, mi mente dormía casi del todo, estaba muy cansada, luego sentí una energía, como una especie de rayo en la parte superior de mi cabeza, y empezó a oirse un sonido de fondo...y me dije "es él, está aquí, aunque no lo vea" vi una imagen como de un ordenador que se encendía, y en la pantalla ponía, cargando, y una voz dijo, que el amor te abrace ésta trilogía.
Me desperté algo furiosa, inestable.

Busqué el significado preciso de trilogía; conjunto de tres obras literarias o cinematográficas de un mismo autor que tienen entre sí cierta unidad, como la temática, los protagonistas, etc.

Me hizo carcajear lo de las obras literarias, porque las que me preocupan, deben ser pura literatura, me alivió lo pertenecientes al mismo autor.